Blogs.

Blog de Hipo
9 diciembre 2010
La última noche

Hipo se ha separado del grupo de animales que escuchan el relato del conejo con atención. Lleva días muy triste porque se tiene que marchar. Sí, se va a vivir a un zoológico una temporada. En realidad se marchan todos los animales, aunque ellos aún no lo saben. La cosa sucedió de esta manera.

Una mañana, Hipo caminaba hacia casa de la ardilla cuando se encontró con el dueño del bosque.

¡Oh! ¿Es que el bosque tenía dueño?

Sí, por supuesto, aunque no se llamaba Jesús, ni Dios, ni nada por el estilo. Se llamaba el Gran Duque del Bosque de Los Animales.

Hipo se dio cuenta de que era el dueño del bosque porque estaba contando los árboles y los matorrales, y las florecillas, y mientras contaba iba anotándolo todo en una libretita.

Hipo se detuvo a hablar un momento con él. Se le veía preocupado y un poco disgustado.
—Hay que arreglar este bosque, está todo hecho un desastre — exclamó sacudiéndose la capa.

Hipo miró hacia todos lados. A él le parecía que el bosque estaba como siempre, una piedrecita aquí, un matorralillo allá.
—Bien, ¡Adelante! — exclamó el Gran Duque, e inmediatamente una cuadrilla de limpieza llamada TodoloTiro. S.L. entró en el bosque con sus escobas y sus cubos de la basura.

Hipo fue valiente.
—¡STOP! — gritó alzando una mano — ¡No podéis tirarlo todo! ¡Nosotros vivimos aquí! — exclamó.

El Gran Duque se atusó los largos bigotes y murmuró.
—Es cierto, lo había olvidado…

La cuadrilla de limpieza estaba lista para tirarlo todo. De hecho traían un bosque nuevecito con sus árboles relucientes y sus piedras brillantes. Hipo y el Gran Duque llegaron a un acuerdo. Se marcharían a vivir a un zóo mientras arreglaban el bosque. Hipo aceptó y estrechó la mano del Gran Duque.

Esta noche es la última noche de los animales en el bosque.

Hipo lo sabe, y pasea meditabundo mirándolo todo, para que no se le olvide. Este bosque está un poco viejo, sí, es cierto.

Pero Hipo se ha acostumbrado a él.

¿Se acostumbrará al zoológico?

Hipo suspira. Ojalá limpien el bosque muy pronto y puedan volver a caminar por él... aunque el conejo ande por ahí liándolo todo.

Y el escarabajo pierda el suelo de vez en cuando.

Aunque la ardilla odie las Navidades y los osos lo entiendan todo al revés.

Aunque el elefante sea un poco bobalicón y la lechuza un poco marisabidilla.

El escarabajo mira a Hipo desde lejos y se acerca a él.
—¿Estás bien? — le pregunta.
—No sé… — contesta Hipo meditando.
—Yo tampoco ando muy fino — murmura el escarabajo mientras pasea con Hipo. No sé por qué pero me parece que esta noche el suelo va a tratar de marcharse — dice el escarabajo.

Hipo le da unas palmaditas en la espalda mientras le dice.
—¿Sabes una cosa? Creo que debajo de este suelo hay otro suelo mucho mejor.
—¡Pero si siempre me caigo! — exclama el escarabajo.
—Exacto, — dice Hipo — y el otro suelo te recoge.

El escarabajo mira a Hipo esperanzado. Nunca lo había pensado.

Buena suerte, queridos animales, espero que nos volvamos a ver muy pronto.

Posteado por Victoria Pérez Escrivá

24 noviembre 2010
El conejo y sus historias

Los animales se están bañando en el río. El escarabajo medita acerca de la parábola del sembrador. Le gustaría saber qué pasó con las semillas dichosas, así que decide acercase a la casa de la lechuza para pedirle que acabe de contarle la historia.
—¿A dónde vas? — le pregunta Hipo.
—A visitar a la lechuza.
—Ah… es cierto — reflexiona el elefante — aún estaba esa historia…
—¿Qué historia? — pregunta el conejo apareciendo por una orilla del río que atraviesa el bosque.
—Una historia que contaba Jesús — explica Hipo.
—Ah, ese— bueno yo me sé historias mejores — comenta el conejo sin darle mucha importancia.
—¿Mejores que las de la lechuza? — pregunta el escarabajo incrédulo.
—Uy, sí. Bastante mejores — afirma el conejo.

Los animales se sientan alrededor del conejo para escuchar sus historias. Una buena historia siempre es interesante.

El conejo comienza su historia.
—Había un conejo — comienza.
—¿Un conejo? —pregunta el escarabajo un poco molesto — ¿Y por qué no podía ser un escarabajo?
—El conejo se encontró con un escarabajo — continúa hábilmente el conejo.

El escarabajo mira a los demás con satisfacción.
—Le dijo «Hola», pero entonces el suelo se fue y el escarabajo se cayó. Así que el conejo se quedó solo otra vez — dice el conejo.

El escarabajo se queda pensativo. Sí, eso del suelo es verdad. Así que no puede protestar.
—El conejo sabía muchas cosas sobre el bosque y era el más listo de los animales.

La ardilla interrumpe en ese instante.
—¿Y por qué no podía ser la ardilla la mas lista de los animales?
—Pero se encontró a una ardilla — continúa el conejo con más habilidad aún que antes— que era listísima. Lástima que llegara Papa Noél y se llevara todos los árboles. ¿Qué podía hacer una ardilla en un bosque sin árboles? Naturalmente, tuvo que marcharse.

La ardilla medita sobre los árboles y Papá Noel. Sí, Papá Noél es un ladrón de árboles, así que no puede protestar.
—El conejo era muy listo y muy fuerte — continúa el conejo.
—¿Y cómo podía ser más fuerte que un elefante? — pregunta el elefante un poco molesto.
—Pero había un elefante muy, muy fortachón, en el bosque — continúa el conejo improvisando— lástima que por un milagro había conseguido que el cuello le creciera y después de mirar el mundo desde lo alto de su cabeza había decidido irse a vivir a otro lugar.

El elefante medita acerca de esta historia. Sí, naturalmente si el cuello le creciera (es un deseo oculto del elefante) y pudiera ver qué hay más allá de los árboles y las montañas, probablemente se marcharía a otro lugar.

¿Y los demás animales? Tendremos que esperar a ver cómo acaba la historia del conejo.

Posteado por Victoria Pérez Escrivá

15 noviembre 2010
Ser conejo es difícil y peligroso

Los animales han ido a pedirle perdón al escarabajo por llamarle raro. El escarabajo les sonríe agradecido. Los animales intentan no mirar mucho su sonrisa, es un poco inquietante.

Luego todos se reúnen en torno a la lechuza que sigue leyéndoles la historia de Jesús. La lechuza ve aparecer por una esquina del bosque al conejo. Ya no lleva esa sotana blanca si la corona de laurel. El conejo está comiendo pipas y tiene el mismo aspecto despreocupado de siempre.
—Estábamos con el temita de los apóstoles — recuerda la lechuza.
—Ah, sí. Esos— recuerda el escarabajo con rencor — los sencillos.

Los animales carraspean y se mueven en sus asientos tratando de evitar el tema.
—Bueno, no todos eran sencillos — recuerda la lechuza— algunos de los seguidores de Jesús eran un poco difíciles.
—¿Y qué es difícil? — exclama la nutria con aire filosófico.
—El conejo es difícil — exclama el escarabajo señalando al conejo con un dedo.

El conejo escupe una cáscara de pipa y asiente.
—Sí, es cierto.

Los animales le miran con curiosidad.
—Yo soy un animal muy difícil. Ser como yo es terriblemente complicado. No creo que ningún animal de este bosque lo consiguiera— acentúa estas últimas palabras.

Los animales reflexionan unos segundos. El escarabajo se adelante a todos.
—Yo una vez volé — exclama.

Los animales asienten.
—Sí — recuerda el conejo— eso fue una estupidez enorme. No creo que nadie la supere.

Los animales silban un poco pegándole pataditas a una piedra.
—La cuestión es que no hay nadie capaz de ser como yo — medita el conejo.
—Afortunadamente para todos nosotros — murmura la lechuza.
—Yo no quiero ser como tú — exclama Hipo de pronto— a mí me gusta ser como soy.

Los animales un poco sorprendidos por la salida de Hipo lo miran con curiosidad.
—Si yo fuera conejo terminaría en el guiso de algún cazador o en el cuello del abrigo de alguna señora, o como amuleto de la suerte en el bolsillo de alguna chaqueta. Ser conejo es peligroso. — murmura Hipo.

Los animales tienen una nueva visión del conejo. Aunque a este parece haberle resbalado todo lo que Hipo ha dicho sobre él. El conejo acaba su bolsa de pipas, escupe la última cáscara y se despide de todos.
—Tendré que pensar sobre esto — contesta el conejo entornando los ojos —peligroso suena bien — y luego desparece por otro recoveco del bosque (el bosque, como todos los buenos bosques, está lleno de recovecos).

Posteado por Victoria Pérez Escrivá

3 noviembre 2010
El relato de la lechuza

La lechuza, armadita de paciencia abre el libro donde, según los animales se encierran los secretos de ese tal Jesús.
—Había doce apóstoles —comienza a explicar la lechuza— eran hombres que trabajaban en cosas sencillas y seguían a Jesús a todas partes.
—Vagos —murmura el escarabajo.
—Cualquier excusa es buena para no trabajar —añade el castor.
—No, no, ellos trabajaban, pero en su tiempo libre estaban con Jesús — explica la lechuza.
—¿Y en qué trabajaban? —pregunta el elefante.
—Ha dicho que en cosas sencillas —recuerda el escarabajo.
—¿Y qué es sencillo? —exclama la nutria alzando los hombros con tono filosófico.
—Yo soy sencillo —dice el escarabajo mirando a los animales.
—Tú eres raro —apunta al ardilla.
—¿Raro? —exclama el escarabajo ofendido.
—Muy raro —añade el castor en voz baja.
—Yo soy sencillo —dice uno de los ratones.

Los animales asienten con la cabeza. En efecto, los ratones son sencillos.
—¿Y por qué ellos pueden ser sencillos y yo no? —exclama el escarabajo.
—Cuando sonríen no se les pone esa cara… —comienza a explicar Hipo.
—Sí, esa cara… —añade la ardilla.

El escarabajo les obsequia con una de sus mejores sonrisas.
—Sí, esa —exclama el castor.
—Oh
—Ah
—Qué rara.

El escarabajo se aleja por un rinconcito del bosque, con aire abatido.
—No somos buenos —medita el elefante.
—No.
—En absoluto.
—Iremos al infierno —apunta la nutria recordando lo del cielo y el infierno.
—Vaya —exclama Hipo.
—A lo mejor allí hay suelo —medita un ratón.
—Invitaremos al escarabajo —resuelve la nutria con alegría.
—Sí.
—Eso. Pero que no sonría —dice el castor en voz baja.
—No, eso no —dice la ardilla.
—No le dejaremos sonreír.
—Si es feliz, que dé palmas— propone el elefante palmeando con las orejas.

Los animales miran al elefante muy serios.
—Tú, tampoco eres sencillo— medita la nutria mirando las enormes orejas del elefante.

Posteado por Victoria Pérez Escrivá

27 octubre 2010
La respuesta de los ratones

Los ratones escuchan la pregunta muy atentos.
El mayor de todos tose discretamente:
—Nosotros sabemos remar muy bien y no sabemos nada de madres ni de cosas así.
Los demás ratones asienten.
—Las madres no nos interesan.
—No— dice otro de los ratones.
—Y Jesús tampoco — añade otro ratón.
—A lo mejor los osos saben algo de esas cosas — sugiere otro de los ratones.
—Los osos no saben nada de nada — refunfuña Hipo mientras todos los animales se alejan muy desanimados.
—Pues tendremos que seguir con las preguntas — dice la nutria.

Los animales se sientan en una piedra tratando de recordar todo lo que la lechuza les explicó sobre la vida de Jesús.
—La madre de Jesús se llamaba…— repite la nutria.
—Mamá — dice el escarabajo, de pronto.
—¡Es cierto! — exclama el castor — así es como se llaman todas la madres.
—Sí.
—Es verdad.
La nutria lo apunta con entusiasmo en la hoja que les ha dado la lechuza.
—Siguiente pregunta: ¿cuántos apóstoles había?
Los animales releen la palabra.
—A-pos-to-les.
—Oh.
—Ah.
—¿Y eso qué es?
—Creo que es una piscina hinchable — dice el escarabajo pensativo.
—Sí.
—¿Y para qué quería Jesús una piscina hinchable?
—Por eso de que le gustaba caminar por encima del agua.
—Ah
—Claro.
—No — medita Hipo—, recuerdo que los apóstoles eran unos que querían que Jesús hiciera milagros.
—Sí, es verdad — afirma el castor muy serio.
—¿Y lo de la piscina? — pregunta la nutria.
—Eso fue otro día — dice Hipo.
—Sí, uno que fue a pescar y luego repartió muchos peces y panes para todos.
—En las piscinas no hay peces — apunta la nutria.
—En esta sí — dice Hipo, no muy seguro.

Los animales se quedan en silencio un rato.
—Nos lo estamos inventando todo — reconoce la nutria.
—Sí
—Es verdad.
—Tenemos que hablar con la lechuza. No sabemos nada de Jesús.
—No.

Luego se despiden silenciosos hasta el día siguiente, que irán a ver a la lechuza.

 

Posteado por Victoria Pérez Escrivá





Victoria Pérez Escrivá

CLAUDIA RANUCCI





« Junio 2017 »
L M X J V S D
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30
pie_pagina_separador
Fundaci�n Edelvives