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Blog de Hipo
2 septiembre 2010
El entierro de Dios

Hipo y la ardilla pasean por el bosque sumidos en profundas reflexiones.
—Así que Dios está en todas partes…— murmura la ardilla.
—Eso ha leído la lechuza— recuerda Hipo.
—Lo sospechaba…— dice la ardilla— tiene espías y seguro que el conejo es uno de ellos.

Hipo mira por encima de su hombro un poco agobiado.

El escarabajo camina unos metros tras ellos. Él también ha escuchado la lectura de la lechuza y no entiende nada. Si Dios está en todas partes ¿dónde está el suelo? Sabe que una cosa tiene que ver con la otra, aunque aún no consigue encontrar la conexión.

Un tumulto renqueante surge de una esquina del bosque. El grillo y su coro entonan solemnes melodías. La ardilla, Hipo y el escarabajo se detienen, respetuosos.
El grillo arrastra en unas improvisadas parihuelas a una zanahoria más bien pocha.

—¿Qué es esto? — pregunta la ardilla.
—Dios ha muerto— susurra el grillo con gravedad.
—¿Eso? — señala la ardilla.
—Deberías de dirigirte a Él con más respeto — le reprende el grillo.
—¿A una zanahoria?
—¡Es Dios! — exclama el coro del grillo al unísono.
—Es cierto — reflexiona Hipo— la lechuza ha dicho que Dios está en todas partes— le susurra a la ardilla al oído.

Los animales miran la zanahoria de soslayo. Hipo aún no está seguro si dentro hay una cámara oculta o tal vez un micrófono.

El escarabajo se acerca.
—¿Eso es Dios? —pregunta.
—También — contesta la ardilla con resignación.
—¡Qué barbaridad! — exclama el escarabajo, que no sabe cómo tomarse todo ese asunto de Dios y que recuerda que su abuela cuando se sentía contrariada solía exclamar: “¡Qué barbaridad!”

El conejo, que va a la cola del fúnebre cortejo, hace un gesto para que continúen la procesión.
—Circulen, circulen— exclama agitando unos dedos impacientes en el aire.

El coro entona la canción que han compuesto para el entierro de Dios, aunque en vista de que está en todas partes, no tienen muy claro si están enterrando un dedo, o una rodilla, o un codo de Dios y quizá el resto continúa vivo. El castor y la nutria se han ido de picnic porque este asunto de Dios les ha dado una confusión tal que han empezado a hablar al revés. Así que la lechuza les ha recomendado que se tomen un respiro.
—Se equ doto se yum rora— ha explicado el castor inútilmente.
La canción del coro del grillo versa así:

Dios y dios
No son cuatro
esto no es la tabla de multiplicar
A Dios vamos a enterrar
Si cuatro fueran
¡Que barbaridad!

El escarabajo aplaude este último verso en el que, evidentemente hay un homenaje oculto a su tía.
 

Posteado por Victoria Pérez Escrivá

24 agosto 2010
¿Dios come zanahorias?

El elefante se pasea por el bosque cargado con una enorme bolsa de zanahorias cuando se encuentra con el escarabajo.
—Hola elefante — saluda el escarabajo.
—Hola escarabajo.
—¿Aún eres un santo?  —pregunta el escarabajo.
—Sí —contesta el elefante. El escarabajo observa que el elefante, además de llevar un saco lleva una extraña túnica con la que tropieza a cada paso.
—Es la ropa de los santos — dice el elefante.
—ah… — murmura el escarabajo, pensativo.
—¿Y qué llevas en esa bolsa — pregunta el escarabajo.
—Zanahorias para Dios — dice el elefante.
La lechuza muy atenta, escucha todo desde una rama. La ardilla  está a su lado.
—¿Dios come zanahorias? — murmura.
—Sí — explica el elefante— el conejo dice que las zanahorias tienen superpoderes y Dios necesita zanahorias para poder seguir siendo Dios.
El escarabajo mira las zanahorias con asombro.
La lechuza y la ardilla lo escuchan todo desde la rama de un árbol.
—Tenemos que descubrir al conejo.
—Sí — murmura la ardilla.

El escarabajo ve como el elefante se aleja tropezándose con la túnica. Quizá la solución está en las zanahorias, se dice. Si tuviera superpoderes podría volar y alejarse del suelo traidor.

Posteado por Victoria Pérez Escrivá

09 agosto 2010
Elefante Santo

El elefante pasea por el bosque absorto en sus pensamientos. Dios le ha hecho santo. Bueno, no ha sido Dios, sino el director general de Dios, que es el conejo.
Ahora que es santo se siente diferente, aunque no sabe muy bien cómo. Por eso le ha preguntado al conejo qué es eso de ser un santo.

El conejo se ha quedado pensativo y ha dicho:
—Un santo es una persona que hace todo lo que le piden.
—Pero…— ha comenzado a decir el elefante.
—Sin replicar — ha añadido rápidamente el conejo.
—Eso es un tonto— le ha explicado la ardilla cuando el elefante se lo ha contado.
—O un requetetonto— ha añadido la lechuza.
—Pero el conejo dice que si soy un santo iré al cielo — dice el elefante, que aún no está muy seguro de qué quiere decir eso.
—Yo he estado en el cielo y créeme, no es como lo pintan— dice el escarabajo recordando su paseo por las alturas y el enorme batacazo que se pegó al caer del cielo.
—Además los animales no vamos al cielo sino al limbo —añade la lechuza.
Todos los animales miran a la lechuza con sorpresa. Hasta ahora la lechuza les había hablado del cielo y del infierno, pero eso del Limbo...
—¿Qué es el limbo?— pregunta el escarabajo.
—Nuestro cielo particular— dice la lechuza.
La ardilla refunfuña en voz baja. Últimamente parece que todo está privatizado.
—¿Y tiene suelo? — pregunta el escarabajo, esperanzado.
—¿Los santos van al limbo?— pregunta el elefante.
—No, los santos van al cielo — contesta la lechuza.
—¿Entonces vosotros os vais al limbo y yo al cielo?
—Si sigues siendo un santo (—un tonto—, corrige la ardilla), sí—dice la lechuza.
—¿Y el suelo del Limbo es resistente? — pregunta el escarabajo. Acaba de encontrar un catálogo de un lugar llamado Ikea, con variedad de suelos a muy bajo precio, y desde hace unos días pasa las horas ensoñado y acariciando las páginas del catálogo.
—Pero yo no quiero estar solo en el cielo— protesta el elefante.
—Pues ya sabes— dice la ardilla con determinación— deja de hacer el tonto e irás al limbo con nosotros.
—Eso no es cierto … dice el conejo apareciendo de pronto— el limbo es el cielo de los tontos.
—Por eso está todo lleno de conejos— replica la ardilla usando todos sus reflejos.
—No, los conejos nunca morimos, somos una raza superior — improvisa el conejo recordando los días en los que trató de convencer a los animales de que se cambiaran los nombres y adquirieran los hábitos de los conejos.
—¿Nunca mueren?— exclama el escarabajo aterrorizado.
—Nunca —afirma categórico el conejo.
—Dios nos asista— murmura la lechuza, absolutamente harta de toda esa conversación.

Los animales se alejan del elefante y el conejo, que se han metido en negociaciones acerca de la santidad del elefante.
—No, no puedes dejar de ser un santo — dice el conejo.
—Pero yo no quiero ir al cielo— protesta el elefante— y además estoy harto de hacerte recados todo el día.
—Si renuncias irás al infierno — dice el conejo.
—¿El infierno tiene suelo? — pregunta el escarabajo.
—Sí, un suelo de llamas rojísimas que te dejan achicharrado— explica el conejo.

Esa noche el escarabajo decide que el mejor sitio para vivir no es ese bosque, ni el cielo, ni el infierno, ni ese limbo privado, sino Ikea, y se hace la firme promesa de investigar acerca de su paradero. Aun hay esperanza. Murmura el escarabajo antes de dormirse profundamente.

 

Posteado por VIctoria Pérez Escrivá

26 julio 2010
¿Tú eres Dios?

El conejo lleva puesta una espesa barba postiza blanca y un sombrero de Papá Noel cuando recibe a la lechuza, la ardilla y el escarabajo. La nutria y el castor han preferido quedarse junto a un castaño.

La lechuza tuerce el gesto al mirar el disfraz del conejo.
—¿Tú eres Dios?
—Así es— dice el conejo con satisfacción. En ese momento aún está considerando si no habría sido más impresionante aparecer con un trineo tirado por renos, pero por esos bosques no hay renos. Los renos son unos animales muy esquivos, medita el conejo.
—Pues yo diría que eres Papá Noel — dice la ardilla mirando el gorro de navidad.
—Es lo que habíamos pensado, probablemente estén asociados y hasta puede que sean ellos los que se llevan el suelo cuando les apetece— murmura el escarabajo con rencor.
—¿Y cómo sabemos que eres el Dios auténtico? — pregunta la lechuza arqueando una ceja.
—Eso es una herejía — contesta el conejo, que ha leído mucho los últimos días.

La nutria y el castor, que han asomado la cabeza, salen disparados hacia el castaño. Está claro que toda esa epidemia de hablar raro es cosa de ese tal Dios.
—Hasta San Pedro dudó de Jesús— contesta la lechuza tomándose las últimas palabras del conejo como un reto personal.
—Yo creo que deberíamos tirarle de la barba— dice la ardilla de repente. Al conejo se le ha salido una oreja por detrás de gorro y la ardilla comienza a sospechar que todo es una farsa.
—Si me tiras de la barba irás al infierno— contesta el conejo rápidamente.
—No me importa —responde la ardilla, retadora.
—También se caerán los árboles como tronchados por un rayo celestial — dice el conejo improvisando— y el suelo se irá para siempre.
—¿A dónde? — pregunta el escarabajo esperanzado. Si supiera dónde se va el suelo cuando se va, podría irse con él y así dejaría de caerse una y otra vez.
—El suelo se va a dónde yo le mando —afirma el conejo categórico.

La ardilla se ha quedado pensativa, no le gustaría que los árboles se cayeran por su culpa, aunque casi está segura de que ese que tiene delante es el conejo.
También cabe la posibilidad de que Dios sea un conejo. Eso sería terrible, medita. Si el dueño del bosque es un conejo... No, no puede pensar en esa posibilidad.

El conejo resopla con hastío.

—Bueno, pues si no queréis nada, dejad de molestarme, estoy muy ocupado. Tengo que gobernar todo este bosque y he nombrado Director General del bosque al conejo.— improvisa el conejo de pronto.

La lechuza da un respingo al escuchar esto. ¡¡Tiene que convocar a los animales cuanto antes!! ¡¡Si el bosque cae en manos del conejo será una catástrofe!!
 

Posteado por VIctoria Pérez Escrivá

19 julio 2010
Dios bive aki

La ardilla lee el letrero:
DIOS BIVE AKI

La lechuza y los demás animales se detienen frente a la madriguera del conejo.

—Esta es la madriguera del conejo — refunfuña la ardilla.
—Eso parece — dice la lechuza con el ceño muy fruncido.
—¿Aquí vive Dios? — pregunta Hipo.
La nutria y el castor miran la madriguera con curiosidad.
¬¬¬—A lo mejor vive con el conejo— dice el escarabajo— a lo mejor trabajan juntos y el conejo es un traidor — añade con voz ronca.
—Este conejo loco…— murmura la lechuza preocupada.
—Siempre he sabido que ese conejo no era trigo limpio— continúa el escarabajo. Tenemos que desenmascararlo— exclama.

La nutria y el castor dan un paso hacia atrás y cuchichean.
—Es muy contagioso…— dice la nutria.
—Sí —afirma el castor.

La lechuza, Hipo, la ardilla y el escarabajo se acercan a la puerta.
La lechuza llama a un timbrecillo con forma de zanahoria que cuelga de una cuerdecita.

Pasados unos segundos escuchan la voz del conejo.
— ¿Quién es?
La lechuza duda un segundo antes de contestar.
—¿Y tú quién eres?
Silencio.
—¿No habéis leído el letrero? — contesta la voz del conejo.
—Así que eres Dios —contesta la lechuza.
—Sí — dice el conejo— y ahora estoy muy ocupado— añade— si queréis una cita pedídsela a mi secretario.
Inmediatamente aparece el grillo con una libretita y un lápiz.
—¿Tú qué haces aquí?— pregunta le lechuza.
— Soy el secretario de Dios.
—¿Tú?
—Sí — y murmura— me ha dado permiso para cantar en el bosque siempre que quiera.
—Pero si siempre has cantado — exclama la ardilla, impaciente.
—Eso es cierto— medita el grillo— pero era pecado. Ahora tengo permiso, me lo ha dado él.
—¿El conejo? — pregunta Hipo.
—Noooo. Dios —dice el grillo.
—¿Qué es pecado?— pregunta la nutria al castor.
—Creo que ha dicho “pescado” — dice el castor.
—A lo mejor Dios regala pescado— contesta la nutria.

El grillo hojea la libreta de citas.
—A ver… Vais detrás del elefante.
—¿El elefante ha estado aquí? — pregunta la ardilla.
—Sí y Dios lo ha hecho santo.
—¿Qué es santo? — pregunta la nutria.
El castor se encoge de hombros.
—Hoy parece que todo el mundo se inventa palabras raras.

Hipo, la lechuza y la ardilla se alejan de la madriguera del conejo. Tienen cita para el martes a las tres. La ardilla echa pestes en voz baja mientras la lechuza medita la posibilidad de mudarse a un bosquecillo cercano donde no hay conejos y los animales son menos complicados.

 

Posteado por VIctoria Pérez Escrivá





Victoria Pérez Escrivá

CLAUDIA RANUCCI





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