

El conejo está tumbado a la bartola en su madriguera cuando escucha unos golpes en la puerta.
- ¿Quién es?
- Soy el elefante,
- Y el grillo
- Y la lagartija…
El conejo se queda un rato pensando si ahora puede disimular y hacer como que no está en casa. Lo cierto es que no le gustan mucho las visitas. La última que tuvo se comió toda la mermelada de zanahoria que tenía en la despensa.
El elefante vuelve a llamar.
- ¿Conejo, estás en casa?
Y el conejo aprovecha para decir:
- Pues no, el conejo no está en casa.
- ¿Y si no está el conejo tú quién eres?- pregunta el grillo.
- Yo soy el primo del conejo- contesta el conejo satisfecho de su ingenio.
El elefante, el grillo y la lagartija se quedan pensativos.
- A lo mejor él también sabe algo sobre orejas- dice la lagartja esperanzada.
- Oye, ¿ tú sabes algo sobre orejas?- pregunta el elefante a través de la puerta.
- ¿Orejas?
- Sí- contesta el grillo impaciente. El grillo que no tiene un pelo de tonto sospecha que el que está hablando no es otro que el conejo y le tiene muy fastidiado todo ese charloteo a través de la puerta.
- Sobre orejas…- medita el conejo.
- Y sobre educación- añade el grillo enfadado.
- Pues, no, no sé nada sobre orejas. Tendréis que volver otro día- contesta el conejo subiendo el volumen de su televisor, están comenzando su serie favorita.
La lagartija no puede reprimir una lágrima.
- Nunca encontraremos unas orejas para mí- murmura mirándose los pies.
- Esperaremos a que vuelva el conejo- exclama el grillo.
No está dispuesto a que el conejo se salga con la suya. Y los tres se sientan frente a la madriguera del conejo, a la sombra de una encina, muy pegaditos.