

El escarabajo lleva un abrigo larguísimo que le ha dado la lechuza, cuando se encuentra con Hipo.
—Ahora tengo buena suerte —le explica a Hipo enseñándole su abrigo nuevo.
—Vaya, qué suerte —exclama Hipo.
—Sí —dice el escarabajo buscándose los pies debajo del abrigo —pero creo que he perdido los pies.
Hipo mira al escarabajo y se da cuenta de que, en efecto, los pies no están.
—A lo mejor te los ha robado alguien —le dice Hipo.
—Es imposible, ahora tengo buena suerte. No me los pueden haber robado.
Hipo y el escarabajo dan un par de vueltas buscando los pies del escarabajo, hasta que Hipo pregunta.
—¿Y si no tienes pies cómo caminas?
—Debe de ser por mi buena suerte —reflexiona el escarabajo.
Hipo levanta el abrigo con la pata y mira debajo.
—Tus pies están escondidos debajo del abrigo.
—Ya decía yo—medita el escarabajo con alivio.
—Tu abrigo es demasiado grande. Por eso no te ves los pies.
—Pero tiene bolsillos —le explica el escarabajo con orgullo y le enseña las galletitas de sésamo que le regaló el elefante.
—Este abrigo me da buena suerte —le explica el escarabajo.
—Mi abuelo decía que para tener buena suerte tienes que llevar una pata de conejo en el bolsillo —le cuenta Hipo.
—Eso era antes —contesta el conejo apareciendo por detrás de un árbol—, cuando los conejos llevaban zapatos, y esa es una historia muy larga.
—¡Oh! —exclama el escarabajo asombrado.
—¡Ah! —exclama Hipo sorprendido.
¿Queréis conocer la historia?¡ pues tendréis que esperar a la semana que viene!