

Hipo y la ardilla pasean por el bosque sumidos en profundas reflexiones.
—Así que Dios está en todas partes…— murmura la ardilla.
—Eso ha leído la lechuza— recuerda Hipo.
—Lo sospechaba…— dice la ardilla— tiene espías y seguro que el conejo es uno de ellos.
Hipo mira por encima de su hombro un poco agobiado.
El escarabajo camina unos metros tras ellos. Él también ha escuchado la lectura de la lechuza y no entiende nada. Si Dios está en todas partes ¿dónde está el suelo? Sabe que una cosa tiene que ver con la otra, aunque aún no consigue encontrar la conexión.
Un tumulto renqueante surge de una esquina del bosque. El grillo y su coro entonan solemnes melodías. La ardilla, Hipo y el escarabajo se detienen, respetuosos.
El grillo arrastra en unas improvisadas parihuelas a una zanahoria más bien pocha.
—¿Qué es esto? — pregunta la ardilla.
—Dios ha muerto— susurra el grillo con gravedad.
—¿Eso? — señala la ardilla.
—Deberías de dirigirte a Él con más respeto — le reprende el grillo.
—¿A una zanahoria?
—¡Es Dios! — exclama el coro del grillo al unísono.
—Es cierto — reflexiona Hipo— la lechuza ha dicho que Dios está en todas partes— le susurra a la ardilla al oído.
Los animales miran la zanahoria de soslayo. Hipo aún no está seguro si dentro hay una cámara oculta o tal vez un micrófono.
El escarabajo se acerca.
—¿Eso es Dios? —pregunta.
—También — contesta la ardilla con resignación.
—¡Qué barbaridad! — exclama el escarabajo, que no sabe cómo tomarse todo ese asunto de Dios y que recuerda que su abuela cuando se sentía contrariada solía exclamar: “¡Qué barbaridad!”
El conejo, que va a la cola del fúnebre cortejo, hace un gesto para que continúen la procesión.
—Circulen, circulen— exclama agitando unos dedos impacientes en el aire.
El coro entona la canción que han compuesto para el entierro de Dios, aunque en vista de que está en todas partes, no tienen muy claro si están enterrando un dedo, o una rodilla, o un codo de Dios y quizá el resto continúa vivo. El castor y la nutria se han ido de picnic porque este asunto de Dios les ha dado una confusión tal que han empezado a hablar al revés. Así que la lechuza les ha recomendado que se tomen un respiro.
—Se equ doto se yum rora— ha explicado el castor inútilmente.
La canción del coro del grillo versa así:
Dios y dios
No son cuatro
esto no es la tabla de multiplicar
A Dios vamos a enterrar
Si cuatro fueran
¡Que barbaridad!
El escarabajo aplaude este último verso en el que, evidentemente hay un homenaje oculto a su tía.