

El elefante se pasea por el bosque cargado con una enorme bolsa de zanahorias cuando se encuentra con el escarabajo.
—Hola elefante — saluda el escarabajo.
—Hola escarabajo.
—¿Aún eres un santo? —pregunta el escarabajo.
—Sí —contesta el elefante. El escarabajo observa que el elefante, además de llevar un saco lleva una extraña túnica con la que tropieza a cada paso.
—Es la ropa de los santos — dice el elefante.
—ah… — murmura el escarabajo, pensativo.
—¿Y qué llevas en esa bolsa — pregunta el escarabajo.
—Zanahorias para Dios — dice el elefante.
La lechuza muy atenta, escucha todo desde una rama. La ardilla está a su lado.
—¿Dios come zanahorias? — murmura.
—Sí — explica el elefante— el conejo dice que las zanahorias tienen superpoderes y Dios necesita zanahorias para poder seguir siendo Dios.
El escarabajo mira las zanahorias con asombro.
La lechuza y la ardilla lo escuchan todo desde la rama de un árbol.
—Tenemos que descubrir al conejo.
—Sí — murmura la ardilla.
El escarabajo ve como el elefante se aleja tropezándose con la túnica. Quizá la solución está en las zanahorias, se dice. Si tuviera superpoderes podría volar y alejarse del suelo traidor.