

La lechuza comienza su lectura:
— No hay ninguna información sobre los ataques de amor de las cigüeñas.
— Oh— exclaman los animales, bastante decepcionados. La lechuza los mira con una mirada intrigante.
— Pero…—continúa.
— ¡Hay un “pero”! —vuelven a exclamar los animales.
— Lo que sí sabemos es que las cigüeñas traen niños.
— ¿Niños?
— ¿Niños?
— ¿Piñas? — exclaman los osos.
— ¿Y qué es un niño? — pregunta el escarabajo.
— Un niño es una cosa pequeña que hace mucho ruido— explica la ardilla.
Los animales miran al grillo.
— ¿Qué pasa? ¿ por qué me miráis así?
La ardilla interviene.
— Eso no es un niño.
— ¿Un abejorro? — pregunta Hipo.
— No, no se parece en nada a un abejorro— dice la ardilla cargada de paciencia.
La lechuza carraspea para llamar la atención de los animales y sigue con la lectura.
— Un niño es lo que más ataque de amor te puede producir…
— O de nervios. — añade la ardilla
— Sobre todo a las madres y a las amigas de las madres y a los padres, tíos, abuelos y primas. A un niño lo pueden querer todos los animales.
Los animales miran a su alrededor buscando un niño. Antes de que la lechuza termine, todos se han bajado de la piedra barco y andan por el bosque mirando bajo las piedras, detrás de los árboles, en los agujeros, buscando niños.
— ¡Eh, volved aquí!— exclama el conejo.
Pero los animales caminan bajo la lluvia.
A la lechuza le parece oír un sonido sobre su cabeza y al levantar la vista, ve cómo se aleja una cigüeña.