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28 junio 2010
Ver el camello

Hace unos cuantos años se pusieron de moda las imágenes estereográficas, la “Visión en 3-D”, como se anunciaban, y todo el mundo nos compramos uno o varios libros llenos de imágenes que a primera vista parecían no ser más que una amalgama de colores sin sentido y luego, después de un cierto esfuerzo, revelaban algo que hasta ese momento había estado oculto y que, de pronto, aparecía como por arte de magia, saliéndose de la superficie plana del papel: una flor, un corazón, un anillo, un barco, un camello...

Durante varios meses se encontraban por todas partes libros, postales y posters con estereografías. Luego, prácticamente de golpe, desaparecieron y casi nadie se acuerda ya de ellas, aunque yo las sigo usando en clase para demostrar a mis estudiantes, sobre todo cuando el tema es la literatura fantástica, la coexistencia de dos realidades simultáneas, en el mismo plano.

Hace poco, en una reunión, comenté las reacciones de mis estudiantes frente a las imágenes estereoscópicas; la dueña de la casa se apresuró a traer el famoso libro de las tres dimensiones y empezó la conocida ronda de consejos, risas, exclamaciones de admiración y empecinadas negativas de los que no conseguían ver nada en aquel campo de colorines. Entonces, una de las presentes, que ni siquiera se había tomado la molestia de mirar „porque aquello no podía ser bueno para los ojos“, nos dejó helados añadiendo que „bueno, vale, suponte que miro eso y veo el camello. ¿Y qué? ¿Para qué quiero yo ver un camello a fuerza de cruzar los ojos?“

Le he dado muchas vueltas a la cosa porque, a primera vista, parece bastante lógico pero, claro, también lo parecía eso de “La verdad no tiene más que un camino“ que decían en mi infancia y luego resultó que no, que tiene muchos, y que si para algo le sirven a una los años y la experiencia es precisamente para encontrar el propio a fuerza de compararlos con los otros caminos y las otras verdades.

Las imágenes tridimensionales pueden ayudarnos a comprender que nuestra verdad evidente y única no es inmediatamente visible para otra persona si nosotros no nos esforzamos en explicársela y el otro no se esfuerza en descifrarla. Y además, lo que es verdaderamente impactante: que las dos existen a la vez y son igual de reales. Por eso, lo que nos dejó helados en la que se negaba a tratar de ver el camello no era el camello en sí, sino el hecho de que no veía la necesidad de descubrir algo que era importante para otros; no quería compartir, no quería ver más allá, no quería tener que admitir la coexistencia de dos realidades. Y eso es preocupante. Porque el mundo se está convirtiendo en un sitio muy difícil, muy complejo, donde por una parte se reconocen cada vez más nacionalidades, religiones, costumbres, y por otra hay cada vez más intolerancia, puritanismo, estrechez mental. Si no estamos dispuestos a tratar de ver el camello del otro, es posible que acabemos proclamando por decreto que el camello no existe y todo el que diga lo contrario pagará con su vida.

Todos sabemos de la intolerancia política y religiosa de determinados países árabes o asiáticos y de la imposición de una realidad oficial y única pero también en Estados Unidos, por poner un ejemplo del mundo que consideramos „civilizado“, obras literarias como Huckleberry Finn y varias de las novelas de Dickens han desaparecido de los programas escolares porque muestran una realidad que resulta ofensiva para algunos. Las obras de Shakespeare se están revisando desde el punto de vista de la crueldad, la obscenidad, la condición femenina o el respeto a las distintas razas. Por el camino que llevan, la realidad, en lugar de ampliarse y enriquecerse, acabará convertida en un plano único, rosa pálido a ser posible, y será habitada por delicadas criaturas tipo Barbie.

Por eso la estereografía puede convertirse, metafóricamente, en el instrumento de nuestro tiempo. No estaría de más que empezáramos a mostrar a los otros nuestras imágenes favoritas, que nos esforzáramos por descubrir las que los otros nos muestran. Al fin y al cabo sabemos por experiencia lo estupendo que es cuando, después de un buen rato de explicar, aconsejar y ponerse bizcos, de repente, como una revelación, aparece el camello ese que ya nos iba pareciendo una tomadura de pelo y que ahora está tan claro, tan claro que no nos explicamos cómo no lo hemos visto antes.

Así, la próxima vez que alguien nos diga cómo ve algo, quizá nos sintamos más dispuestos a concederle el beneficio de la duda e intentemos ver si nosotros también conseguimos distinguir lo que para él o para ella es tan evidente. Y tal vez lo logremos realmente y de ese modo, al mirar al otro a los ojos, podamos sonreír, asentir, y darnos cuenta de que no hemos perdido nada de nuestra convicción, sino que hemos ganado otra, no en lugar de la propia, sino además de la que ya teníamos.

 

Posteado por Elia Barceló

Comentarios
jorge - 2013-11-23 21:29:48
son algo especial cuando sabes como encontrar los dibujos o figuras en ella aparece un triciclo de niño










ELIA BARCELÓ

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