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27 abril 2010
Cuerpos y mentes

Como llevo un invierno bastante desastroso en cuestiones de salud (nada realmente grave, pero todo muy molesto: ligamentos, tendones, inflamaciones, etc.) casi no he tenido más remedio que pensar con frecuencia en la existencia del cuerpo.

Uno normalmente no piensa mucho en las cosas que funcionan y, por tanto, no suele pensar demasiado en su cuerpo si no le duele nada. Además, uno no hace grandes diferencias entre “yo” y “mi cuerpo”. Cuando dices “yo” sueles englobarlo todo: el cuerpo y la mente que, juntos, forman eso a lo que llamas “yo”.

Un ser humano que ya no está vivo es sólo un “cuerpo”, porque le falta la otra parte. ¿Y un “yo” sin cuerpo? Suponiendo que exista y que podamos percibirlo, supongo que sería un fantasma, un espíritu... algo así. Pero aquí ya estamos entrando en el terreno de lo paranormal, sobrenatural, etc.; en cualquier caso, de lo que no es de consenso general. Es decir, que todos sabemos que somos algo más que el cuerpo pero, cuando pensamos en la otra parte desligada de ese cuerpo, su existencia nos resulta difícil de aceptar. ¿No os parece algo curioso?

Sin embargo esa parte que no es el cuerpo (la mente, el espíritu, el alma... lo que sea) es lo que todos sentimos como más irrenunciable de nuestro ser, ya que si nuestro cuerpo cambia seguimos siendo nosotros, pero si la parte inmaterial cambia, ya no lo somos. ¿O no es así?

Si uno se piensa a sí mismo metido en otro cuerpo, puede parecerle extraño, agradable, desagradable, espantoso, práctico... cualquier cosa, pero en general uno sigue diciendo “yo” y reconociéndose en ese “yo”, aunque haya cambiado el color de los ojos, la forma de las manos y la complexión general. Me imagino que tardaría mucho en acostumbrarme a mirarme al espejo y ver a otra mujer, pero sin embargo estoy convencida de que seguiría sabiendo que yo soy yo.

¿Pasaría lo mismo si quien cambia de cuerpo es una persona con la que convivimos? ¿Nuestra pareja, por ejemplo?
¿Se siente uno más cómodo con la mente/espíritu/personalidad de nuestra pareja de toda la vida aunque ahora ocupe un cuerpo totalmente distinto, o con el mismo cuerpo de siempre pero habitado por otra personalidad?
Lo más probable es que la mayor parte de nosotros prefiera que la personalidad sea la misma. Al cuerpo se puede uno acostumbrar con más facilidad, sobre todo si el cuerpo nuevo es más joven y está en mejor estado que el anterior.
¿Significa eso, entonces, que el cuerpo es prescindible, que mi cuerpo no soy yo?
No sé, la verdad. Yo siento que mi cuerpo no es sólo “mi” cuerpo, sino que también soy yo.
No se trata de que me pertenezca, como mi piso o mi coche, sino de que soy yo realmente. Y por eso todo lo que le ocurre a mi cuerpo me sucede a mí –tanto si duele como si es agradable, como si empieza a cambiar con la edad- y todos los desarrollos por los que va pasando no impiden que yo siga siendo yo físicamente aunque en cada etapa mi cuerpo sea distinto. Yo era yo cuando medía medio metro, seguí siendo yo cuando se me desarrolló el pecho, fui yo durante mis dos embarazos (y la verdad es que esas circunstancias hay momentos en que una se plantea poder tomarse unas vacaciones de ese cuerpo extraño que se ha convertido en un nido para otro ser), he seguido siendo yo a través de cambios de peso, de figura, de color de pelo... de todo. Y seguiré siendo yo cuando la vejez haga que se me doble la columna y se me manchen las manos y se ablanden los músculos y la piel pierda toda su frescura.

Seguramente cuando deje de dolerme aquí y allá y vuelva a vivir en feliz ignorancia dejaré de darle vueltas a estas cuestiones. Sin embargo hace poco oí que una estudiante de filosofía está trabajando en una tesina en la que se plantea: ¿Somos un cuerpo o tenemos un cuerpo? ¿Qué pensáis vosotros?

 

Imagen: National Media Museum en flickr

Posteado por Elia Barceló

Comentarios
Elia - 2010-05-11 10:58:12
A mí sí que me interesa el libro que nombras, Carmen. A ver si te acuerdas del título. A todo esto, estarás en China en agosto?
CarmenE - 2010-05-11 10:12:36
Pues hay un libro muy gracioso al respecto de Laura Esquivel, creo recordar aunque no el título, pues lo leí hace muchos años. Es un libro muy gracioso y muy interesante en el que se plantea el uso de otro cuerpo, de manera que la prota pasaba a tener unas "piernotas" estupendas. Si le interesa a alguien cuando vaya a España lo miro y os digo el título. Para mi somos un cuerpo al que hay que cuidar, pues no hay manera de saber que pasa con esa energía que lo mueve, pero que desde luego se desgasta con los años.
Elia - 2010-04-30 10:14:22
Uy, qué bien! Qué bien os explicáis los dos y qué interesante es leeros! Muchísimas gracias. Yo, como buena escritora de ciencia ficción, le he dado bastantes vueltas a la posibilidad -maravillosa, coincido contigo, María- de trasladarme a otro cuerpo, de vacaciones, digamos. Pero, claro, lo bueno es seguir siendo uno mismo y sentir cómo es vivir "dentro" de otro cuerpo -tanto humano, pero a lo mejor de otro sexo, como animal o incluso cibernético-. Yo también había llegado a la conclusión de que después de cierto tiempo de vivir en ese otro cuerpo, tu yo va cambiando y al final ya no eres el mismo que cuando empezaste. Sin embargo me hacía ilusión pensar que uno seguía siendo uno mismo aunque evolucionara y cambiara bastante. Pero ahora, después de vuestras explicaciones, tengo que volver a reflexionar porque me parece impresionante que vosotros partís del cuerpo y no al revés. Nunca lo había visto así y os estoy muy agradecida por ese impulso. Ya os contaré cómo me va con la reflexión :-) y seguro que os pregunto más cosas.
Guille - 2010-04-29 15:51:24
Sí, algo así quería decir, María H., sólo que iría un poco más allá: No entiendo cuerpo y alma como dos entidades, sino como una sola. Somos sólo un cuerpo y las interacciones que en él se producen. En otro cuerpo se producen otro tipo de interacciones, por lo que es imposible ser «Yo» en otro cuerpo. ¿Mejor, Elia? Jo, no sé si me explico bien...
María H - 2010-04-29 10:12:50
Me voy a adelantar a Guille un poco: somos como somos como consecuencia de procesos bioquímicos que funcionan dentro de nuestros cuerpos. Son sustancias que hacen que nos sintamos de una manera o de otra (por decirlo de una manera muy resumida). Ese sería el barril al que me refiero, un recipiente lleno de cualidades que afectarán al contenido; por eso la mente, el espíritu o la conciencia de cada uno, es, en gran parte parte, consecuencia del cuerpo. Para imaginarnos que somos nosotros mismos en otro cuerpo, tenemos que dejarnos de parafernalias científicas y realistas y centrarnos en la ciencia-ficción, que creo que es a lo que te refieres tú, no? :D Si yo fuera exactamente yo en otro cuerpo, sí, sería totalmente yo, con mejor o peor humor, según las ventajas o desventajas que me ofreciera mi nuevo cuerpo. Me gustaría probar, aunque fuera por un día.
Elia - 2010-04-28 15:29:55
Sí, la verdad es que suena igual de mal decir "soy un cuerpo" que "tengo un cuerpo". Entonces, Guille, si tu mente, cerebro, consciencia... como quieras llamarlo, pudiera ser transplantada a otro cuerpo (humano, para no complicar innecesariamente las cosas), seguirías siendo tú? Me ha parecido entender que piernsas que entonces no. Y me resulta extranyo. Nos lo explicas? Y sí, María, yo también detesto esta casilla enana. Voy a ver si consigo que la amplíen un poco los que entienden de esto.
Maria H. - 2010-04-28 10:29:22
Yo siempre he pensado que "tenía" un cuerpo (vaya frasecita, si la sacamos de contexto), pero realmente me doy cuenta de que lo tengo, pero también lo soy. Estoy de acuerdo con Guille en lo de que nuestra configuración mental viene determinada por el cuerpo. Lo entiendo como un whisky reposado en un barril de una determinada madera o de otra, que darían lugar a dos whiskys totalmente distintos, aunque el resto del proceso fuera exacto. A ver si hay algún científico/a que quiera aportar algo... :) Y bueno, la pregunta "somos un cuerpo o tenemos un cuerpo", no es que me encante, porque también podría preguntarse si somos una mente o tenemos una mente... ¿Somos vida o tenemos vida? argh. Y este tipo de debate me marea. Acabaríamos necesitando también a un filólogo y me parece demasiado! XD (por cierto, esta casilla enana para escribir es incomodísima...)
Guille - 2010-04-28 10:13:16
Lo que creo es que esta única configuración del yo está determinada por nuestro propio cuerpo y, al estar determinada por él, sólo puede ocurrir en este cuerpo. Si tuviera otro cuerpo ya no sería yo mismo; tampoco sería el yo que conozco en otro cuerpo, sería otro yo, único, irrepetible y determinado por el cuerpo que lo conforma. Podemos imaginar cómo sería tener otro cuerpo, pero es imposible experimentar algún tipo de conciencia en otro cuerpo que no sea el nuestro...
Elia - 2010-04-27 22:34:50
Interesante lo que dices, Guille. Pero esa configuración neuronal, única, que nos permite decir "yo", también podría estar en un cuerpo "prestado" o no biológico; en cualquier caso no el nuestro de siempre. Seguiríamos siendo un cuerpo, entonces, en tu opinión? O algo más? U otra cosa? Y yo tampoco estoy hablando de nada místico :-)
Guille - 2010-04-27 16:21:25
Somos un cuerpo, nuestra existencia sólo se da en el cuerpo que somos porque se necesita determinada configuración neuronal para experimentarnos como el yo que conocemos. Cuando esa conexión muere seguimos siendo el mismo cuerpo, pero muerto, sólo cambiamos de estado. No creo en la transmigración del alma, quizá sí en cierta transmisión de energías, pero nada místico...










ELIA BARCELÓ

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