
La oveja tenía muchas preguntas que hacer al dragón.
Al dragón le gustaba la oveja. Nunca había visto una cosa tan blanca y esponjosa.
El dragón recordó que a su abuelo le gustaban las ovejas de aperitivo, pero no se lo contó a la oveja para no asustarla. La oveja le preguntó:
—¿Cuántos dedos tienes en las patas?— El dragón sacó una de sus patas y se la enseñó a la oveja.
— Los dragones tenemos cuatro patas en forma de garra, con cuatro uñas en cada pata. Nuestras uñas son muy afiladas.
La oveja vio las uñas del dragón y se asustó un poco. El dragón le preguntó a la oveja cuántas uñas tenía. La oveja se miró la pezuña y dijo:
— Las ovejas solo tenemos dos pezuñas en cada pata — le explicó la oveja— Las pezuñas son unas uñas muy gruesas y grandes, pero no son afiladas como las tuyas. Le explicó la oveja. El dagón y la oveja se miraron las patas. La verdad es que no se parecían en nada.
¿Os habéis fijado en vuestras manos?
¿Y en vuestros pies?